Sistema Digestivo

Más de la mitad de la población en nuestro país tiene exceso de peso. Y lo más alarmante es que el sobrepeso y la obesidad están aumentando en niños menores de cinco años. Una revisión a encuestas e informes recientes.

Para entender por qué el exceso de peso es algo grave debemos aclarar un par de conceptos. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el sobrepeso y la obesidad se definen como la acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. Para determinar si una persona adulta tiene sobrepeso u obesidad hay que tener en cuenta el Índice de Masa Corporal (IMC), que se obtiene al dividir el peso en kilos por la altura en metros al cuadrado.

Cuando el IMC es igual o superior a 25 hay sobrepeso, y cuando es igual o superior a 30 hay obesidad. Dicho esto, el panorama en Colombia no es muy alentador. Según la Encuesta Nacional de Situación Nutricional 2015 (Ensin), el 37,7 % de los adultos colombianos tiene sobrepeso, y el 18,7 % presenta obesidad. En total, el 56,4 % de los colombianos tiene exceso de peso. Revisando por sexo, las mujeres tenemos más exceso de peso que los hombres; por pertenencia étnica el problema es mayor en los afrodescendientes, y afecta más a las personas con un índice de riqueza alto.

Sin embargo, lo más delicado es que según la encuesta, el exceso de peso empieza a verse a edades más tempranas e incluso desde la primera infancia. En 2015 el 6,3 % de los niños y niñas menores de cinco años tenía exceso de peso en Colombia, una cifra ligeramente superior al promedio mundial. En los menores de edad el exceso de peso afecta al 24,4%. En este grupo no hay diferencias por sexo, pero sí por grupo étnico e índice de riqueza: el exceso de peso se concentra en aquellos sin pertenencia étnica y en los estratos socioeconómicos más altos.

¿POR QUÉ NOS ENGORDAMOS?

Varias razones explican el aumento de peso en la población mundial. El informe Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional en América Latina y el Caribe, de 2018, afirma que el desarrollo económico de los países de la región ha modificado los hábitos alimenticios y el estilo de vida. Actualmente las familias tienen un ingreso mayor, que les permite acceder a más alimentos; pero el gran problema es el aumento en la oferta de alimentos con bajo valor nutricional, ultraprocesados, altos en calorías, azúcares simples, grasas saturadas y sodio.

Según la Ensin de 2015, en Colombia ha disminuido el tiempo que las personas dedican a preparar alimentos, y señala que prefieren comer fuera de casa o consumir alimentos industrializados que vienen empacados y listos. La otra parte de esta ecuación peligrosa es el aumento del sedentarismo. El caso más dramático se ve en los niños, niñas y adolescentes, pues el tiempo que pasan frente a pantallas electrónicas va en detrimento del tiempo invertido en actividad física —deportes, juegos—, especialmente entre aquellos niños con un índice de riqueza medio y alto. Apenas un poco más del 30 % de los chicos cumple las recomendaciones de actividad física emitidas por instituciones calificadas como la OMS.

Los adultos no nos quedamos atrás: solo la mitad cumple con los mínimos de actividad física que sugiere la OMS, y las mujeres somos las que menos nos ejercitamos. La combinación de alimentación hipercalórica y poco nutritiva, más poco tiempo para preparar alimentos y el sedentarismo crean lo que Carolina Rojas, endocrinóloga pediatra de Colsanitas, llama ambiente obesogénico, es decir, todo a nuestro alrededor nos está llevando hacia la obesidad.

 

NO SABEMOS LO QUE COMEMOS 

Pensemos por un momento en los alimentos que consumimos. ¿Sabemos cuántas calorías, azúcar, grasa y sodio tienen? ¿Lo que comemos hace parte de una dieta adecuada de acuerdo con nuestros requerimientos? En los últimos años se ha estado discutiendo en muchos países alrededor de cuál es la forma adecuada de informar a los consumidores sobre los alimentos que compramos. El caso más conocido es el de Chile, que en 2012 aprobó la Ley de Etiquetado de Alimentos. Dicha ley ordena incluir sellos al frente en los paquetes de los productos alimenticios, que alertan del exceso de grasas, azúcar, sodio y calorías de acuerdo con el límite impuesto por el gobierno. Esta ley así mismo estableció que los productos con sellos de advertencia no podían ser publicitados ni vendidos en entornos escolares.

El de Chile suele presentarse como un caso de éxito, porque según estudios realizados en ese país, la ley de etiquetado ayudó a modificar los patrones de alimentación de los adultos, permitió que los consumidores tomaran decisiones de alimentación más saludables y redujo la venta de productos con sellos de advertencia. 

En Colombia estamos muy lejos de tener un modelo como el chileno. De acuerdo con un estudio realizado por la Universidad Javeriana y la Universidad de Carolina del Norte, los supermercados más grandes del país ofrecen miles de productos ultraprocesados que, según el modelo instaurado en Chile, deberían tener sellos de advertencia en sus empaques.

Mercedes Mora, nutricionista y una de las investigadoras de este estudio, cuenta que en 2018 visitaron 16 supermercados en Bogotá de las cadenas de almacenes más grandes del país, y fotografiaron los códigos de barras de 13.000 productos. De estos, solo 6.708 tenían información nutricional. “No tenemos ni idea de qué nos estamos comiendo”, dice.

Luego de este análisis la investigación se centró en revisar cuáles de esos 6.708 productos requerían sello de advertencia según el modelo de etiquetado de Chile y el modelo propuesto por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), y encontraron que el 66,4 % de estos comestibles requerían sello de advertencia bajo el modelo chileno. Según el modelo de la OPS, ese porcentaje llegaba al 80,2 %. Dicho de otra manera: más de la mitad de los alimentos que se venden en los supermercados más importantes de la capital de Colombia tienen exceso de azúcar, grasa, sodio y calorías.

“Un bebé con obesidad se puede convertir en un niño con obesidad y, más tarde, un adulto con obesidad”, explica Carolina Rojas, endocrinóloga pediatra de Colsanitas. Si la obesidad aparece más temprano en la vida sus consecuencias también se verán más rápido y serán más graves. Sin embargo, nadie está condenado a ser obeso para siempre, pues todo depende de los hábitos. Y nuevamente, la clave está en adquirir buenos hábitos desde la infancia.

 

 

Es casi imposible de creer que algo tan común como un simple dolor de estómago, un reflujo o una inflamación después de una comida, sea un síntoma inicial del cáncer estomacal; pues al ser algo tan “normal” en el diario vivir de las personas, la mayoría no lo perciben, no sabiendo que; puede ser el principio de una grave enfermedad.

¿No lo sabías? Sigue leyendo y te sorprenderás con los datos a continuación...

En Colombia, cerca del 57% de las personas tienen sobrepeso